

Secciones
Servicios
Destacamos
Una misteriosa figura aparece en una de las ventanas del Torreón de Covarrubias. Es doña Urraca, hija del primer conde de Castilla, Fernán González. De entre todos los misterios que encierra la Castilla más vieja, el del Torreón de doña Urraca, en Covarrubias, es el más primitivo ya que los primeros vestigios de la tétrica historia que guardan los muros del Torreón datan del siglo XVIII.
Al caer la noche una luz amarillenta ilumina el vano de la torre; y una figura fantasmagórica se deja ver en la penumbra que aplana la villa rachela. Una historia, la de esta mujer, escalofriante por cruel y despiadada, más si el ejecutor de la sentencia de muerte en vida es su propio padre.
Los historiadores, como relata Luciano Huidobro, aseguran que Fernán González fue muy espléndido con doña Urraca, la primera de sus hijas, «que había manifestado desde su tierna edad decidida inclinación a consagrarse a Dios, lo que motivó la fundación del infantado de Covarrubias, el 24 de noviembre de 978». Pero la joven Urraca se enamoró de un pastor de la comarca. A su padre, esa historia de amor no le gustaba. Para evitar esa relación, Fernán González emparedó a Urraca en el Torreón que hoy sigue vigilando el valle del Arlanza.
El propietario de la fortaleza, Millán Bermejo, recuerda que la noche en la que, con un grupo de amigos, estuvo durmiendo en el lugar, cada uno ataviado con su saco de dormir. Hacia la medianoche, uno de ellos que apenas había dormido, dice que vio a la dama blanca.
Y no sólo es el testimonio de Bermejo, algunos vecinos de Covarrubias también han visto a la Dama Blanca. Uno de ellos lo hizo en el programa Cuarto Milenio, hace unos años.; este vecino de Covarrubias relataba que vio «la imagen de esta señora» y no sabía lo que era en un principio; pero después de conocer la historia, la conclusión es que «tiene que ser ella».
Este vecino estuvo viendo la figura de doña Urraca durante casi un año. Sin embargo, sólo llegaba a distinguirla del busto para arriba. Unos meses después «apareció la imagen coronada con unas manos blancas, muy finas de tres picos y casi todo el cuerpo apostado sobre la ventana y siempre mirando hacia el interior del patio».
También se dio a conocer el caso de una pareja que decidió dormir en el Torreón «en la planta de arriba». Aguantaron solo tres horas; no pudieron estar más tiempo «porque se agobiaron sintiendo frío y cosas extrañas y tuvieron que bajar a dormir en la casa».
El Torreón está datado en el siglo X. Es una estructura defensiva; un edificio enorme, de piedra, ubicado en la frontera del Califato de Córdoba y que fue ordenado construir por el propio Fernán González, conde de Lara y de Castilla, alrededor del año 943. En este lugar se ubicaba otra torre de origen romano. Defendía la frontera del Arlanza.
Una de sus particularidades, que le confiere además otra simbología especial es su forma piramidal, truncada en su parte más alta. Alguno de sus muros tiene más de un metro y medio de grosor lo que la convierte en una estructura defensiva de enormes dimensiones. Por eso, entre sus muros hay estancias y oquedades ocultas en las propias paredes de la fortaleza. Lugares muy propios para el castigo y emparedamiento hasta la muerte.
En esas estancias pudo estar encerrada doña Urraca para evitar sus amoríos con el pastor. Lo cierto es que hasta el momento, nadie ha sido capaz de explicar con exactitud qué ocurrió en la misteriosa torre y el secreto de doña Urraca aún está por desentrañar. Su sepulcro, «que se conserva en la Colegiata de Covarrubias, tiene por escudo una torre barnizada de negro, que no es extraño sea el símbolo de su prisión y muerte», relata Huidobro tomando como fuente 'Memorias históricas de Burgos y su provincia de Señor Gil.
Alrededor de la villa aún se pueden ver restos de la muralla, «demolida en el siglo XVI por consejo del sabio médico, hijo de la población, Francisco Valles, llamado el Divino, quien prefirió la higiene a los recuerdos históricos», como relata Luciano Huidobro en el Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgo, del tercer trimestre de 1924.
El Torreón de doña Urraca es un misterio en sí mismo. Penetrar en esta estancia es realizar un viaje en el tiempo. Luciano Huidobro, en el Boletín de la Institución Fernán González. Relata que en el «segundo piso, al cual se asciende por escalera de madera, hay otras dos estancias, una pequeña al mediodía, con ventana adintelada, y otra mayor, semejante a la sala anterior, pero aún más oscura, cubiertas en grande espacio sus paredes de pintura negra y marrón, donde se distinguen retratos de caballeros y damas y lo data en 1567, mas algunos grafitos o inscripciones grabadas, al parecer del siglo XV, en que se lée: «Estovieron precos...».
Por lo tanto, este lugar fue doloroso para muchas personas. Ese dolor se ha quedado impregnado en las celdas de prisión; Huidobro explica que en la parte superior de la torre queda un espacio abovedado que «pudo haber sido una cárcel».
En la etapa carlista, la familia Barbadillo, que era la propietaria de la finca, cedió su uso a las tropas para que pudieran usar la torre como prisión militar. De hecho, quedan marcas que en la piedra que atestiguan su presencia allí.
En la actualidad, el Torreón es propiedad de Millán Bermejo y su familia. Quien desee visitar este lugar lo puede hacer reservando su pase en la propia torre. Alberga una de las exposiciones sobre armas de asedio medievales más importantes de Europa, con máquinas a escala real y maquetas de gran formato, indumentaria y el armamento que utilizaban los soldados en combate. Además, otras armas usadas en labores agrícolas y adaptadas para la guerra. El Torreón tiene tres secciones, que coinciden con las diferentes estrategias utilizadas durante los asedios en la Reconquista.
Si hay un lugar en la provincia lleno de misterio y magia es San Pedro de Arlanza. A las viejas paredes del antiguo cenobio han quedado adheridas las leyendas más antiguas de la provincia. Está ubicado en un auténtico lugar de poder. Al fondo del valle del Arlanza, en su parte más agreste. Vigilante y vigilado por otras ruinas, las de la ermita de San Pelayo el Viejo.
San Pedro de Arlanza es un lugar de poder donde la energía brota de la tierra y quien visita este lugar lo percibe a modo de equilibrio emocional y físico basados en una arquitectura geométrica sagrada; pero aquí hay más porque los decrépitos naturales de este lugar brota una alineación cósmica que cose el cielo y la tierra.
Muy cerca se ubica la cueva de la leyenda, donde el Poema de Fernán González sitúa la gruta que encontró Fernán González persiguiendo un jabalí blanco. En esa escondida cueva encontró a los eremitas Pelayo, Silvano y Arsenio. Fue el mismo anacoreta Pelayo quien auguró que el Conde castellano vencería a los ejércitos cordobeses. Es gruta encierra secretos e historias jamás contadas que ni los eremitas Arsenio, Pelayo y Silvano contaron ni los posteriores moradores de esas sagradas estancias y que, tras los estudios realizados en ellas han hallado restos de neandertales.
Las ruinas de San Pelayo hoy son un recuerdo anclado en el monte y en el tiempo. Están llenas de maleza y urgiría una rápida actuación para evitar aún más su deterioro porque es un retazo de la historia de la fundación de la Castilla primitiva y el primitivo monasterio de San Pedro de Arlanza.Es una construcción, en todo caso, misteriosa, incluso por su ubicación. El Padre Flórez, ya en el siglo XVII en su España Sagrada describe parte del misterio que encierra San Pelayo y que nos deja abierta la puerta de la curiosidad.
Dice: «Debajo de esta ermita hay una gran cueva de larga concavidad, a la cual se baja por una boca a modo de silo desde dentro de la ermita, y en la misma cuesta hay otra puerta o ventana exterior hacia el río, pero de entrada muy difícil y peligrosa en el tiempo presente».Los expertos datan la fundación de San Pelayo el 12 de enero del año 912 y el primer conde de Castilla su fundador. Sin embargo, otros eruditos afirman, por sus características y por su ubicación en la línea del tiempo que lo más probable es que fuera Gonzalo Fernández, el padre de Fernán, quien lo fundara. En este lugar se dio sepultura al primer conde castellano y a su esposa Sancha hasta su traslado en 1841 a la colegiata de Covarrubias.
Hoy, San Pedro de Arlanza son ruinas pero muy bien recuperadas. El enorme pinsapo que nació en mitad del claustro se mecen al arrullo del Arlanza en un semi silencio que da miedo. Todo el complejo visitable da cuenta del enorme poder que tuvo la orden benedictina.
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
María Díaz y Álex Sánchez
Esta funcionalidad es exclusiva para registrados.
Reporta un error en esta noticia
Debido a un error no hemos podido dar de alta tu suscripción.
Por favor, ponte en contacto con Atención al Cliente.
¡Bienvenido a BURGOSCONECTA!
Tu suscripción con Google se ha realizado correctamente, pero ya tenías otra suscripción activa en BURGOSCONECTA.
Déjanos tus datos y nos pondremos en contacto contigo para analizar tu caso
¡Tu suscripción con Google se ha realizado correctamente!
La compra se ha asociado al siguiente email
Comentar es una ventaja exclusiva para registrados
¿Ya eres registrado?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.