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Lola Peña es la farmacéutica de Villarcayo y gestionan también el botiquín de Puente Arenas. Aythami Pérez Miguel
«No estamos aquí para ganar dinero, estamos por el servicio»
Lola Peña, farmacéutica rural

«No estamos aquí para ganar dinero, estamos por el servicio»

Puente Arenas o Moradillo de Roa son dos pequeños pueblos de Burgos que cuentan con farmacia. Reconocen que es un servicio muy valorado por los vecinos, que son el referente sanitario y aportan seguridad

Sábado, 24 de febrero 2024, 09:01

En las zonas de la provincia de Burgos que se están quedando sin población hay un servicio que parece resistir, pero que está en serio peligro. Son las farmacias. Se trata de servicios esenciales, sanitarios, pero un negocio privado. Es el farmacéutico el que tiene que dar el paso, hacer una inversión, corre su riesgo. Las farmacias funcionan como una empresa, pero están sujetas a una normativa muy estricta que lo que busca es extender los despachos farmacéuticos para dar cobertura a toda la población.

Puente Arenas, una localidad del municipio de Merindad de Valdivielso de unos 50 vecinos, se encontraba en esta situación. La farmacia cerraba y el pueblo se quedaba sin el servicio. La alcaldesa llamó a los farmacéuticos de la localidad cercana de Villarcayo. «Nos comentaron que se quedaban sin farmacia y estaban pensando hacerla botiquín para no quedarse sin servicio. Nos decidimos y lo asumimos. Venimos dos días a la semana un par de horas. El botiquín farmacéutico es un despacho asociado a una licencia de farmacia», explica Lola Peña, la farmacéutica.

Lola, José Ignacio e Iván Peña Lorenzo son los tres hermanos encargados de la farmacia de Villarcayo. Ahora también gestionan el botiquín farmacéutico de Puente Arenas. Desde aquí ofrecen un servicio justo, pero imprescindible. «Esta es una buena solución, de lo contrario, los vecinos se habrían quedado sin farmacia y se tendrían que desplazar hasta Villarcayo o hasta Medina de Pomar», explica Lola Peña, quien también reconoce que «los vecinos lo agradecen y nos tratan muy bien».

Servicio muy valorado

Aunque no tienen muchos clientes, en verano aumentan un poco, pero esta farmacéutica explica que «no estamos aquí para ganar dinero, estamos para dar el servicio. Hoy, por ejemplo, he hecho inventario y tengo una caja para retirar de productos caducados. Muchas cosas que tengo en los estantes están para por si acaso, pero apenas tienen salida. Así que nos centramos en los medicamentos y productos indispensables», explica. Sobre todo, esa medicación diaria de los vecinos a los que ya conoce.

«Aquí viene gente y me dice que cuánto tenemos y otros que es que no tengo de nada. No entienden que no podemos estar tirando productos constantemente. Los que sí valoran el servicio, reconocen que prefieren esperar a que lo traiga. Me lo piden un día y al siguiente que acudo se lo traigo», explica Lola Peña. Así también los propios vecinos ayudan a que se mantenga el servicio.

Aún así, hay que destacar que, a nivel económico, no compensa, pero estos farmacéuticos también cuentan con el colchón de la farmacia de Villarcayo que, como reconoce Lola Peña, «funciona muy bien, allí tenemos mucho trabajo». Pero el compromiso de Lola y sus dos hermanos farmacéuticos parece asumido y asimilado de familia, como una herencia. Son la quinta generación de farmacéuticos, desde 1873, en Villarcayo.

Referente sanitario en los pueblos

En algunas zonas de Burgos que pierden servicios hay farmacias que han cerrado, licencias que nadie quiere asumir. «En muchos sitios ni siquiera va el médico diariamente a pasar consulta. La labor del farmacéutico en estas zonas se hace todavía más importante porque es el único referente a nivel sanitario que queda», señala Miguel López de Abechuco, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Burgos.

Algo así ocurre en Moradillo de Roa, como explica Cristina Lázaro, la farmacéutica de Moradillo de Roa. Este pueblo de 166 habitantes de Burgos se encuentra a unos 16 kilómetros de Aranda de Duero. La farmacia allí es esencial. El médico acude una vez a la semana, pero ante la falta de facultativos, puede que no acuda siempre el mismo. «El farmacéutico está ahí ocho horas todos los días y conoce a los vecinos», añade López de Abechuco.

Cristina Lázaro cogió la farmacia de Moradillo de Roa hace dos años y medio. Anteriormente, se encontraba en una farmacia de Aranda de Duero. «La farmacia estaba abierta, pero la titular de la licencia se jubilaba y decidí asumirla yo», explica Cristina Lázaro. Esta farmacéutica señala que la relación que se establece en el medio rural con los vecinos es diferente a la que mantenía en Aranda, por ejemplo. Aquí hay una confianza, una preocupación.

Lázaro es consciente de la importancia que tiene este servicio en el medio rural, un servicio que ayuda incluso a fijar población. Los propios vecinos se sienten más seguros si tienen una farmacia cerca. «Si se va la farmacia y los pacientes mayores no tienen coche o no pueden conducir, ya solo el acudir a la medicación supone un inconveniente más y eso les puede hacer que acaben marchándose a grandes ciudades o mayores núcleos de población», explica el presidente de los farmacéuticos.

Pero Lázaro sabe que estas farmacias serán algo temporal si el medio rural pierde población y ya ni siquiera el pueblo tiene un médico fijo, que acude un profesional distinto cada semana. «Por eso creo que les aporta seguridad tener siempre a un sanitario aquí, que conoces a los vecinos», explica esta farmacéutica.

La cercanía

La ley de garantías y uso racional del medicamento impide realmente que haya una dispensación a domicilio de los medicamentos. Se entiende que, por seguridad, se tiene que hacer solo en la oficina de farmacia, para evitar intrusismos. Además, el farmacéutico tampoco puede ir casa por casa, es algo inviable. Pero en los pueblos, con ayuda de los ayuntamientos, de asociaciones o vecinos, los farmacéuticos se preocupan por hacer llegar esos medicamentos a las personas más mayores o a aquellos que no se pueden mover de casa por tener movilidad reducida.

Así ocurre en el caso de Cristina Lázaro y su farmacia de Moradillo de Roa. Es frecuente la preparación de los paquetes de medicinas para cada vecino que más lo necesita, que alguna vez se lleve a casa de aquel vecino que no se puede mover o que algún vecino o familiar acuda a recoger la pauta. Esas son las redes que hacen más especial la vida en los pueblos y el farmacéutico rural colabora en ellas.

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