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Las mujeres, a nivel mundial, han tomado conciencia de su posición, actual y la que arrastran desde el pasado. Las mujeres en la Iglesia también han tomado conciencia y han iniciado un movimiento que consideran «imparable». Este movimiento, en Burgos, comenzó en el año 2020, con una inquietud y un pequeño acto. Ahora ya conforman un grupo más unido y este 2023 han vuelto a salir a la calle para impulsar una Iglesia en el que se reconozca el papel de la mujer sin obstáculos para su participación en igualdad.
¿Cómo se sienten las mujeres católicas de Burgos al ser ninguneadas por su Iglesia? «Pues como las mujeres en la sociedad civil. Desde el momento en el que tomas conciencia de que te ningunean, de que eres invisible, de que eres discriminada, luchas contra eso. Yo, por edad, he estado en la lucha civil de las mujeres por la igualdad y ahora estoy en esa lucha de las mujeres en la Iglesia. Si quiero igualdad en mi trabajo, en la sociedad ¿cómo no voy a querer igualdad en mi fe?», señala Teresa Torres, una de las mujeres que forman el grupo Mujeres en la Iglesia de Burgos por la Igualdad.
En 2020 hicieron un primer acto, retomaron la actividad en 2022 y contactaron con Revuelta de Mujeres en la Iglesia y así, poco a poco, empezó a formarse un grupo en Burgos. Aquí no se trata de un grupo de mujeres teólogas. «Hemos surgido de mujeres de diferentes procedencias que participamos en grupos apostólicos, algunas participábamos en parroquias, otras en delegaciones de la Iglesia. Además, durante este tiempo hemos contado con la ayuda y asesoramiento de la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia», explica Torres.
El Sínodo de Mujeres entró sus conclusiones a Nathalie Becquart para que se lo entregara al Papa. No conocen su respuesta. También se han presentado las peticiones a las Diócesis y la respuesta ha sido variada, el cambio, poco. En Burgos siguen trabajando en ello. Nathalie Becquart fue la primera mujer en tener derecho a voto en el Sínodo Católico de los Obispos.
Actualmente, en Burgos, estas mujeres señalan que la prioridad no es presentar sus conclusiones al arzobispo porque están en el proceso de formación, reflexión y tomar conciencia de la situación de la mujer. «Algo que no es sencillo», remarca Teresa y otra compañera.
Gran parte de las mujeres que forman parte de este movimiento forman parte del feminismo civil y han tomado conciencia de la situación de la mujer en la sociedad, «una parte del patriarcado opresor es la Iglesia», añade otra de las compañeras, «como cristianas nos vimos impulsadas a decir aquí estamos las mujeres cristianas. En la sociedad civil se ha avanzado, aunque cuesta y todavía queda, pero la Iglesia sigue muy por detrás de estos avances».
Realizar autocrítica es difícil, es complicado, tomas conciencia de tus fallos, de lo que hay que mejorar y estas mujeres lo están haciendo dentro de su fe. Es algo doloroso, frustrante, pero el objetivo es la igualdad. Estas mujeres que son las mayores participantes de la Iglesia de base, en los cuidados, en las obras asistenciales, en la subyugación a los curas, son las primeras que percatarse de que «la Iglesia siempre ha ido por detrás de la sociedad. Es anacrónica, le cuesta la autocrítica. El Papa ha estado dando pasitos y mira lo que le ha costado», señalan.
Así que tienen claro que, si el cambio no parte de ellas, no partirá. «Hay movimiento de hombres y teólogos feministas que nos apoyan, pero no es la mayoría», lamentan.
El grupo de Mujeres en la Iglesia de Burgos por la Igualdad busca impulsar una Iglesia menos clerical, una Iglesia que reconozca el papel de la mujer sin obstáculos para su participación en igualdad. Quiere que la mujer tenga mayor presencia con voz y voto en los órganos de gobierno, un lenguaje más inclusivo y mayor difusión de la teología feminista.
Es de justicia que el grupo que forma el 50 % de un grupo tenga el 50 % de poder para tomar decisiones. En la Iglesia Católica no es así, solo una mujer tiene voto. No es necesario recurrir a argumentos como que las mujeres aportarían algo, es simplemente «que es de justicia que se nos escuche porque formamos parte de la Iglesia. Aún así, creo que se ganaría en visión, sensibilidad, misticismo, pero esto no es un plus, es una complementariedad», recalca Teresa y su compañera.
La Iglesia es una institución con mucho poder y sus cargos también lo tienen. A estos hombres el poder se les ha inculcado como algo natural, como algo intrínseco a su naturaleza. La Iglesia está dirigida por hombres desde hace muchos silos. «Este es un buque que lleva siglos funcionando así y detrás de toda institución hay poder y hay pérdida de poder y eso no se quiere», señalar. «Nuestras reivindicaciones van más por la línea de volver al Evangelio de Jesús que fue un Evangelio circular, más en función de los dones de cada uno», explican estas mujeres.
Reconoce que algunos sacerdotes ya dicen «queridos hermanos y hermanas», pero señalan que después hay que aplicar eso a tus actos y pensamientos, «entender que la Iglesia somos todos. Pero es que tienen el poder instaurado. Les han dicho desde el seminario que son los cuidadores de su rebaño y nosotros somos las ovejas y marcan mucho esa distancia entre presbítero y laico», lamentan.
Como ellas han realizado este camino, tanto en su vida civil como en la fe, saben y reconocen que el camino requiere mucho trabajo personal y «no todos están dispuestos a hacerlo». Además, evidencia que «tienen muchas barreras que superar. Son hombres, célibes y curas. La cultura patriarcal la hemos recibido todos y para los hombres la autocrítica supone perder poder. La ausencia de relación afectiva hacia la otra parte les hace carecer de cierta empatía. Además, se les ha educado con esa barrera entre ellos y su rebaño», argumentan.
Pero ya advierten, «el movimiento es imparable y queremos que nuestra voz se tenga en cuenta».
Otra de las reivindicaciones de las Mujeres en la Iglesia de Burgos por la Igualdad es la teología feminista. «Toda la interpretación de los textos es patriarcal. Con la teología feminista se han rescatado figuras femeninas que no conocíamos, que la Iglesia había olvidado u obviado», lamentan. «Muchas teólogas han escrito sobre esto, han hecho otra lectura de la Biblia, pero nunca se las ha llamado, se las ha ignorado», asegura.
Gracias a esta revuelta, esto empieza a reivindicarse. «Partimos de que Jesús de Nazaret siempre tuvo en cuenta a las mujeres. En ese tiempo, cuando la mujer estaba más marginada, él las dignificó, las empoderó. Es más, durante los primeros años después de la muerte de Jesús, en las primeras comunidades cristianas, las mujeres estaban a la par con los hombres. En el siglo IV el emperador oficializó el cristianismo y fue un error. Al hacerlo oficial se equiparó a la Iglesia con el poder civil y se institucionalizó», señala una de estas mujeres.
Uno de los ejemplos que ponen para señalar todo esto es María Magdalena, «nos han dicho siempre que era una mujer pecadora y prostituta. Pero María Magdalena fue la primera discípula a la que se apareció Jesús en la resurrección y ella fue una líder de las primeras comunidades cristianas».
«Nosotras mismas estamos anonadadas, porque estas historias son preciosas y estamos descubriendo esto en este proceso formativo. Hay matriarcas que se nos han ocultado», señalan. En el feminismo civil tenemos referentes, mujeres a las que estar agradecidos. La Iglesia también las tiene, pero más silenciadas y ocultadas aún.
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