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Esther, Sandra, Sara, Susana y Pepi en una de sus quedadas en 'Alas de Lona'. RRH

Punto y ganchillo de desconexión

El grupo de tejedoras que forman 'En punto o a y media' retoman las quedadas para tejer todas juntas que la pandemia detuvo

Ruth Rodero

Burgos

Sábado, 5 de marzo 2022, 08:59

Alrededor de la mesa se sientan enfermeras, teleoperadoras, exaesoras, jubiladas... No importa. Ni importa la profesión, ni la edad, ni los problemas que lleves en la mochila ese día. Una vez las lanas y las agujas salen de sus respectivas bolsas la mesa se convierte en un lugar seguro en el que las preocupaciones no existen y la comunidad creada por este grupo de tejedoras te arropa.

Hace más de 15 años que se reúnen para tejer, pero la pandemia también ha alterado sus tradicionales encuentros alrededor de un café o en un parque al aire libre. No todas llevan tanto tiempo perteneciendo a este grupo, pero nadie es extraño en estas quedadas en las que lo único que es necesario es un ovillo de lana, una aguja y muchas ganas de compartir.

'En punto o a y media' es el blog en el que comenzó todo. En él estas tejedoras informan de sus quedadas y actividades, y en él se anuncian como «un grupo de personas que compartimos y disfrutamos de la afición de tejer y hacer ganchillo juntas».

Sandra, Esther, Sara, Pepi y Susana son las tejedoras que acuden a la última quedada. Se reúnen en la tienda que esta última ha abierto hace unos meses en la calle Briviesca. Susana ha hecho de su afición su profesión, dejó el trabajo de asesoría y se lanzó al mundo de las manualidades. En 'Alas de Lona' enseña a otras personas a tejer, a crear amigurumis, ofrece clases de patchwork y vende los restos de mercería de su anterior tienda.

Todas coinciden en que tejer las ayuda a desconectar de los problemas y a rebajar la ansiedad con la que el día a día las invade. «Te relaja y te ayuda a pensar en otra cosa, te ayuda a desconectar», coinciden. No es de extrañar que durante esta pandemia mucha gente haya encontrado en tejer una gran terapia, recomendada, incluso, por psicólogos.

«Te relaja y te ayuda a pensar en otra cosa, te ayuda a desconectar»

Sandra es quien lleva más tiempo acudiendo a estas reuniones: «Las conocí por el blog, eran un grupo de chicas que quedaban para tejer en público. En cafeterías, en centros cívicos, en una plaza o en un parque. Más o menos era una quedada a la semana. Se publicaba en el blog y te acercabas. De esto hace ya por lo menos 15 años».

Sara recuerda que la primera vez que acudió a una de estas quedadas en el bar en el que se reunían estaban rodando un corto. «Todos vestían de negro y me pareció un sitio muy raro. Hasta que vi que en el fondo había una mesa con chicas tejiendo», rememora entre risas. El boca a boca siempre ha sido la mejor arma de transmisión. «Al final vas haciendo círculos de amistad, comentas que vas a hacer punto a alguien que también le gusta y se van añadiendo», explica Sandra.

Saben que no son el único grupo que se reúne para tejer, las 'Abuelas de Gamonal' quedan los viernes y desde el mes de noviembre han retomado la costumbre. «El día de tejer en público (12 de junio) hemos estado con ellas, o algún viernes», cuentan. De manera habitual a las quedadas acuden unas diez personas. En ellas todas tejen y hablan. Comparten vivencias y también dulces. Sara lleva una tarta casera que quiere que sus compañeras prueben, también brindan con champán por un nuevo año lleno de reuniones.

Sandra y Pepi tejen jerséis, Esther avanza con dos calcetines al mismo tiempo, mientras que Sara y Susana se afanan en sus camisetas. Agujas circulares, punto y ganchillo, todo tiene cabida en esta reunión. Cada una con su historia de amor por las lanas. La de Esther comienza cuando tenía ocho años, aunque Sandra confiesa a media voz que ella no sabe cuándo empezó a tejer. «En mi familia siempre se ha tejido y como de pequeñas no teníamos móviles ni estas cosas siempre estábamos haciendo algo», cuenta. Ha estado tejiendo desde entonces, aunque reconoce que quizás en algunos momentos lo ha dejado aparcado para dedicarse al patchwork, un método de costura que consiste en la unión de trozos de tejidos para formar verdaderas obras de arte. Incluso cuando tenía a los niños pequeños: «Mi tía tenía una tienda de lanas y yo hacía jerséis de encargo, embarazada y con el bebé al lado».

«En mi familia siempre se ha tejido y como de pequeñas no teníamos móviles ni estas cosas siempre estábamos haciendo algo»

Esther

Sara dejó de tejer, pero volvió a retomarlo en los tiempos muertos del trabajo. Vio un reportaje de televisión en el que hablaban de los grupos de tejedoras que se reunían para hacerlo y nombraban al grupo de Burgos. Las escribió y se animó a retomar el mundo de las lanas. «Le dije a mi marido que si en dos horas no volvía que llamase a la Policía», recuerda entre las risas de todas.

«Yo me presenté un día en el Centro Cívico Río Vena», explica Sandra, «había leído que se reunían ahí y allí fui». Pepi es de las que tejían pero lo dejó. «He vuelto a tejer hace cuatro o cinco años. Nunca había estado en un grupo como este. Hacía ganchillo con hilo fino y hace unos años me empezó a picar el gusanillo de las agujas circulares», cuenta. «Mi asignatura pendiente son los amigurumis, tengo que venir a que me enseñes, Susana», le dice. Pero no se queda en las quedada del grupo y lo que teje en su casa, también forma parte de grupos de zoom para tejer.

A pesar de sus quedadas y actividades miran con envidia lo que ocurre en otras ciudades donde el número de tejedoras es mayor. «Yo miro con envidia los talleres y quedadas que montan las tiendas en otras ciudades», confiesa Susana, quien trabaja duro para mantener a flote su taller. «Yo creo que la gente teje en silencio, en su casa, como las hemorroides, como se considera viejuno», analiza entre risas Sara. Y abre un debate sin querer. Porque a quien más y a quien menos le han dicho que eso de darle a las lanas es de abuelas.

«Hay gente muy joven tejiendo. Las diseñadoras más relevantes son muy jóvenes, sobre todo en ganchillo», comentan entre ellas, Susana asegura que sus clientas «no son abuelas». «Hay muchas técnicas y materiales nuevos. Hay gente muy joven haciendo punto y ganchillo», afirma Pepi. «También depende en el círculo que te muevas», incide Esther, pero lo que está claro es que los tapetes de ganchillo de nuestras abuelas y que todo el mundo mantiene en el imaginario colectivo no es la realidad de las tejedoras de hoy. «Para nosotras, como toda la vida hemos tejido, es normal quedar y tejer», cuenta Esther. Pero no es la norma, Sara confiesa haber aprendido a hacer ganchillo gracias a Youtube y enseguida se monta un debate sobre si es más sencillo y más rápido el ganchillo o el punto.

«Hay muchas técnicas y materiales nuevos. Hay gente muy joven haciendo punto y ganchillo»

Pepi

Un universo que convive entre nosotros, el de las lanas y agujas, que Sandra, Esther, Sara, Pepi y Susana están deseando compartir con todos aquellos que quieran unirse a sus tardes entre puntos y agujas.

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