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Francisco José Ceacero, en su estancia en el convento de Belorado. JCR
El cura coctelero que vivió con las monjas cismáticas de Belorado: las exclarisas «son una estafa»

El cura coctelero que vivió con las monjas cismáticas de Belorado: las exclarisas «son una estafa»

Recordaba en un programa de televisión que las bretoneras «no tienen vida de oración» y el portavoz de las exmonjas, Francisco Canals, aseguraba que los 40 días que estuvieron Rojas y Ceacero en el convento, «estuvieron llenos de tensión»

Miércoles, 2 de abril 2025, 11:11

A tres días de la declaración en sede judicial que debe celebrarse por la venta de unos lingotes de oro por parte de la exabadesa de Santa María la Bretonera de Belorado, Laura García de Viedma, el que fuera asesor espiritual de las exclarisas de Belorado, Francisco José Ceacero, ha contado en el programa Código 10 de Cuatro los 40 días que pasó en el convento y las razones de su salida y del supuesto obispo Pablo Rojas. Ceacaero ha calificado a las cismáticas de Belorado de ser «una estafa».

El que fuera asesor espiritual de las cismáticas, ha asegurado que no son monjas de clausura porque están «deformando la vida monástica» y han profanado la clausura con la apertura de «un bar de carretera», por su restaurante de Asturias. Ha apuntado que desde el primer momento han «profanado la clausura y se definen silvestres como las amapolas».

El supuesto sacerdote, miembro de la Pía Unión, hizo este martes un repaso desde que tuvieron el primer contacto con las cismáticas. Según Ceacero, fue 10 de marzo de 2024. En esa fecha las bretoneras contactaron con ellos. La que entonces era la abadesa Sor Isabel- hoy Laura García de Viedma- les preguntó dudas «doctrinales y teológicas, en principio, a través de videollamadas, pero se planteó inmediatamente el problema económico en Orduña», declaraba el jienense.

Más allá de las dudas de fe, las exclarisas les relataron el problema con las instalaciones Orduña. Pía Unión localizó un benefactor para su compra que finalmente no se concretó. Antes García de Viedma les pidió «una transferencia de 1,2 millones o en el peor de los casos, 230.000 euros» para cerrar los problemas de Orduña. Todo ello «en menos de una semana de trato». Los miembros de la Pía Unión se sienten «engañados». Ellos respondieron a las dudas doctrinales, pero en unos pocos días, las bretoneras les «hablaron de dinero».

Ceacero apuntaba que lo que las exmonjas querían era «una pasarela sedevacantistas que les diga misa y que no se metan en su vida». Por eso, Pablo Rojas se preguntó a los pocos días de estar en Belorado «¿dónde nos hemos metido?» Así que «de ir para unos días», el propio Ceacero, «y un par de semanas», Rojas, se prolongó su presencia durante 40 días. Un periodo en el que ni el supuesto obispo, ni el coctelero, pudieron «hablar nada». El mismo Rojas «decidió salir de allí por la anómala situación».

Con la llegada al convento, los dos supuestos religiosos se encontraron con un «desorden» total de la vida religiosa de las mujeres del convento de Santa María la Bretonera. Y visto el resultado, ni durante su presencia, y menos ahora «no son monjas de clausura». La Pía Unión les planteó que eligieran «una forma de vida -nunca de clausura- y a partir de ahí hablar», que fue la idea lanzada de Rojas. En esas dos semanas «no se habló nada».

Se dieron cuenta de que algunas -con el señalamiento directo a la que ejercía de abadesa Laura García de Viedma- no iban a la iglesia, no rezaban el oficio divino y apenas iban a misa. «Parece que había chinches en la iglesia porque llegaban tarde y se marchaban pronto». Solo trabajaban para saldar las deudas.

El ora et labora conventual «lo incumplen; trabajan y dejan la oración de lado», recordaba. Los comentarios de Ceacero fueron a más: «No entraron en poner en orden el convento; no estaba limpio; tenían a los perros en la última planta; el claustro cerrado y la iglesia con bolas de pelusa».

El desorden de vida era absoluto: «No tenían horario» y la vida sacramental, pobre llegando a afirmar que no las confesaron «en el mes y pico porque la abadesa posponía la confesión; comulgaban las mayores, las jóvenes no». Eso sí, entre ellas se llevaban bien, «son una piña». Carecían de «sentido común a la hora de hacer las cosas», la que más, a su juicio, la abadesa que «en los 40 días solo cinco días fue a misa y no se levantaba antes del mediodía, porque vivía de noche».

La exabadesa llevaba «una vida desordenada y tienen manía persecutoria». Explicaba que pensaba que le hackeaba el móvil el obispo de Vitoria «y que había demonios en Derio». Pero entiende que «no lo dicen con maldad, se lo creen. Y se retroalimentan».

Las exmonjas responden

El portavoz de las exmonjas, Francisco Canals, aseguraba que los 40 días que estuvieron Rojas y Ceacero en el convento, «estuvieron llenos de tensión, fue un gran hermano». El portavoz de las cismáticas desmintió todo lo apuntado por el miembro de la Pía Unión y apuntaba que el que fuera su asesor espiritual las «traiciona y las denigra».

Canals aseguraba que las bretoneras están está «dolidas y escandalizadas». Y que Ceacero es «puro resentimiento» que tiene «mirada de odio» y es contrario a la vida religiosa. Apuntaba en el programa de televisión que ellas «tienen animales» para las que solicitaron licencia «de zoológico» y que alquilaron terrenos en Orduña. A fecha de hoy «tienen una licencia de Arriondas y han seguido cursos de amaestramiento canino».

Sobre el trato a las cismáticas, Canals habló de que Ceacero «obligaba a rezar arrodilladas» a las ex monjas en la exposición del Santísimo porque «quería monjas sumisas». Describía situaciones «de maltrato psicológico» como cuando les pedía «ayunos, abstinencia y debilitación física». Además, ha subrayado que Ceacero obligaba a la confesión una vez por semana. El coctelero se ha defendido aludiendo a las características del código de Derecho Canónico de 1917, «que ellas habían asumido».

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