Las diez noticias imprescindibles de Burgos este martes 21 de enero

Ha muerto Julio Anguita, compañero, amigo en la lejanía y dirigente carismático que protagonizó toda una época de la izquierda, primero desde la alcaldía de Córdoba donde demostró su capacidad de gestión y al tiempo su cercanía a los vecinos, y en la que comenzó ... a labrarse un prestigio merecido de hombre honesto y coherente con sus ideas.

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Mi coincidencia con Julio se produce ya primero en la dirección del PCE y luego de Izquierda Unida, y en particular cuando llega a la coordinación del partido como sucesor de Gerardo Iglesias.

Es para mí a partir de entonces un compañero, un amigo y a la vez un maestro que destaca por sus dotes parlamentarias con un estilo pedagógico. El mismo estilo didáctico que le llevaba a acompañarte como cicerone por las calles de su querida Córdoba.

Le tocó lidiar con la compleja situación política del declive del felipismo que marcó su trayectoria y relaciones políticas. Su corazón le impulsó y al tiempo le jugó malas pasadas que le obligaron a dejar su responsabilidad, y supo hacerlo situándose, no como ex coordinador, sino como referencia política y moral del conjunto de las gentes de izquierdas y el republicanismo político.

Nuestras diferencias han sido las lógicas en política y también entre médico y paciente. Le recuerdo, por ejemplo, empeñándose en bajar a una mina cuando estaba aún convaleciente de su primer infarto.

Su coincidencia con la muerte del pintor Juan Genovés es algo más que una coincidencia triste. La pérdida de referentes políticos y culturales en esta pandemia de coronavirus es irreversible, pero al tiempo debería ser un estímulo para recuperar sus valores e impulso moral.

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Al final, a Julio Anguita le pudo su gran corazón. Una pérdida irreparable y un gran ejemplo de coherencia y honestidad para la política y para la izquierda.

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