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La volatilidad por la que ha transitado la política española esta semana demuestra que ya nada se puede dar por seguro. Ni siquiera los documentos firmados. Si el miércoles PSOE y Ciudadanos se felicitaban por el acuerdo que les permitía desalojar, vía moción de censura, ... al popular Fernando López Miras de la presidencia de la Región de Murcia, dos días después las caras eran de sorpresa. La operación descarrilaba gracias al pacto del PP con tres diputados de la formación naranja -de los seis que tiene en el Parlamento regional- para que se desmarcaran de la postura de su partido. La moción de censura naufragaba.
El movimiento no solo sirvió a los populares para desactivar la crisis murciana, también volvió a dar otro giro al tablero político y debilitar aún más a Ciudadanos, que acababa de perder su poder territorial en Madrid tras la destitución de sus cinco consejeros y el adelanto de elecciones autonómicas al 4 de mayo por parte de Isabel Díaz Ayuso. Aunque la celebración de estos comicios aún depende de la decisión que adopte el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
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Los movimientos en la tarde del jueves y durante la mañana de hoy se sucedieron como en una partida de ajedrez relámpago. En el PP atribuían todo el mérito de la operación al secretario general, Teodoro García Egea, que se jugaba parte de su crédito interno en el partido ya que, además, Murcia es su lugar de origen. En la calle Génova destacaban que su papel al frente de la operación salía «reforzado» tras las críticas de algunos barones populares.
Mientras tanto, la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, aún estaba en fuera de juego. En torno al mediodía, cuando el PP ya confirmaba que la moción de censura no contaba con el apoyo suficiente, aún mantenía que todos los diputados de su formación iban a votar en la misma línea, a pesar de que el grupo parlamentario ya estaba dividido en dos. Solo la imagen de su diputada Isabel Franco, vicepresidenta del Gobierno murciano, compareciendo en rueda de prensa de la mano de López Miras sacó de su error a la dirección nacional de Ciudadanos, que no se podía creer semejante «traición».
Teodoro García Egea - Secretario General del PP. El jueves por la noche, cuando la moción parecía imparable, Teodoro García Egea viajó a Murcia para tomar el control de la crisis. En Génova le atribuyen el éxito de la operación y creen que su papel ha sido «clave», un hecho que refuerza su posición dentro del partido después del fracaso electoral en Cataluña el pasado 14 de febrero.
Fernando López Miras - Presidente de Murcia. «No se me pasaba por la cabeza que podía suceder». Fernando López Miras ya se veía desahuciado de la presidencia de la Región de Murcia el jueves pasado, a pocas horas de que la situación diera un giro. Este viernes reforzó su posición renovando el Gobierno de la región con los tres diputados díscolos de Ciudadanos.
Isabel Franco - Vicepresidenta de Murcia. Este viernes aseguró que desde la dirección nacional de Ciudadanos le «obligaron» a firmar el acuerdo con el PSOE. Tras su cambio de opinión, seguirá siendo vicepresidenta en el nuevo Ejecutivo del popular López Miras. Ante las acusaciones de transfuguismo respondió que cumple «con la palabra dada a los murcianos».
Ana Martínez Vidal - Candidata de Ciudadanos. La hasta ahora consejera de Empresa y portavoz del Gobierno regional era la candidata elegida por Ciudadanos y PSOE para encabezar la moción de censura. Un destino que tuvo al alcance de la mano y que se vio finalmente frustrado por tres de sus compañeros de partido a los que acusó de estar «comprados» por el PP.
El presidente regional apeló al pacto alcanzado entre PP y Ciudadanos tras las elecciones autonómicas de 2019 y descalificó las maniobras de socialistas y liberales tildándolas de «ambiciones personales». «Desgraciadamente algunos han pensado que era más importante no las personas sino un sillón», continuó. Con más seguridad que el día anterior no tuvo reparos en calificar de «espectáculo lamentable» lo vivido a lo largo de la semana y anunció una remodelación de su Gobierno con la inclusión los diputados tránsfugas de Ciudadanos, la propia Franco, Valle Miguélez y Francisco Álvarez. Los tres estaban enfrentados tanto a la coordinadora autonómica, Ana Martínez Vidal, la candidata del PSOE y Ciudadanos para ser la nueva presidenta, como a la propia Inés Arrimadas.
Franco, que mantiene su puesto como vicepresidenta, aseguró que el grupo regional de Ciudadanos tuvo la primera noticia de que su partido preparaba la moción de censura «ese mismo martes» y que si firmaron el acuerdo fue «por disciplina y lealtad» al partido. Si luego se desdijeron, sostuvo, se debió a un cargo de conciencia: «La moción llega en el peor momento posible y no beneficia a los murcianos». La diputada, que se sigue considerando miembro del partido aunque haya sido expulsada, culpó a la dirección nacional de la formación de «obligarles» a votar a favor de desalojar a López Miras.
Pero sus declaraciones solo sirvieron para alimentar las acusaciones de transfuguismo y de un nuevo 'tamayazo'. «No es la primera vez. Casado está demostrando ser el PP de siempre», lamentaban los socialistas. Arrimadas abrió un expediente disciplinario a sus tres diputados, y Diego Conesa, secretario general del PSOE murciano, exigió que entregaran sus actas de diputado por haber sido «sobornados».
La moción necesitaba del apoyo de al menos cuatro de los seis diputados liberales para salir adelante. Los socialistas cuentan con 17 escaños en la Asamblea regional, que se unirían a los dos de Podemos. Con solo tres 'síes' de Ciudadanos, la suma no superaría los 23 votos afirmativos de la mayoría absoluta necesarios para poner fin al mandato de López Miras. «Tremendo fracaso del PSOE y Ciudadanos», celebraban en Génova 13.
La diputada de Ciudadanos afín a la dirección nacional Ana Martínez Vidal no se resignó y trató de revertir la situación a la desesperada durante toda la tarde. Contactó con los tres diputados regionales expulsados de Vox, que le reclamaron una propuesta de acuerdo en la que tendría que entrar, como mínimo, el pin parental. Solo para estudiarla, sin garantías de que fueran a votar a favor. En cualquier caso, exigen que el documento lleve el aval del PSOE. Pero desde Ciudadanos niegan estas peticiones. De momento, tanto socialistas como naranjas mantienen la moción de censura.
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