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mikel ayestaran
Corresponsa. Jerusalén
Domingo, 21 de marzo 2021, 21:05
«Volvemos a la vida» es el eslogan de campaña de un Benjamín Netanyahu que ha intentado hacer suyo el éxito de la vacunación masiva en Israel para ganar las elecciones. En los carteles se puede ver al primer ministro con los brazos en alto, ... como si celebrara un gol, pero en muchos de ellos su cara está tapada con un rectángulo rojo colocado por sus detractores con la cifra 6.000, en alusión a las víctimas que deja la pandemia hasta ahora en el Estado judío. Algunos de estos pasquines pudieron verse el sábado durante una nueva multitudinaria manifestación en contra del líder político.
Los israelíes acuden a las urnas mañana por cuarta vez en menos de dos años y la cita electoral se convierte una vez más en un plebiscito en torno a la figura de un primer ministro que, según las encuestas y pese a los escándalos de corrupción, repetirá victoria al frente del Likud, pero volverá a tener complicado sumar los 61 escaños necesarios en la Cámara para formar coalición.
El levantamiento de las restricciones y la vuelta a una relativa normalidad gracias a la inmunización de más de cuatro millones de ciudadanos han marcado una campaña que ha pasado desapercibida para muchos votantes. La gente está cansada de votar para que luego los políticos sean incapaces de formar coaliciones sólidas.
La última se hizo en abril entre Netanyahu y el líder de la coalición Azul y Blanco, Benny Gantz, pero apenas duró siete meses. Las disputas personales fueron continuas desde el primer instante y las diferencias en torno a los presupuestos desencadenaron la ruptura definitiva de la coalición.
Esta alianza le costará muy cara a Gantz, ya que, según las encuestas, Azul y Blanco pasará de ser la formación más votada de Israel con más de un millón de votos a casi desaparecer. En esta ocasión, los sondeos apuntan a una fuerte subida del centrista Yesh Atid, del experiodista Yair Lapid, y la entrada en escena de Tikva Jadasha (Nueva Esperanza), la nueva formación del desertor del Likud y exministro de Interior, Gideon Saar, y Yamina, partido del líder colono Naftali Bennet. También los ultranacionalistas religiosos radicales de HaTzionut HaDatit, liderados por Bezalel Smotrich, podrían superar esta vez el límite necesario para entrar en el Parlamento.
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