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El retablo de Cardeñuela Riopico luce restaurado en la Catedral de Burgos hasta el próximo 30 de mayo. Tras su paso por la Capilla de la Presentación, el altar de Bigarny regresará en junio a la iglesia de Santa Eulalia de Mérida, en la localidad de la que partió, según avanzaron hoy el delegado de Patrimonio de la diócesis de Burgos, Juan Álvarez Quevedo, y el vicepresidente de la Fundación VIII Centenario de la catedral de Burgos, Antonio Méndez Pozo, durante la presentación del retablo restaurado.
Así, los trabajos de restauración del retablo de Cardeñuela Riopico culminaron y su resultado ya se puede contemplar en la Capilla de la Presentación de la Catedral de Burgos, que fue el espacio donde se emplazó originalmente el altar creado por Felipe Bigarny. Se trata de una obra de arte que enmarcaba el cuadro de Sebastiano del Piombo que preside esta Capilla.
El retablo que alberga la iglesia de Santa Eulalia de Mérida, en Cardeñuela Riopico, en pleno Camino de Santiago, fue realizado por el escultor Felipe Bigarny entre 1526 y 1529. Originalmente se ubicó en la capilla de la Presentación de la Catedral de Burgos, donde sí se quedó el cuadro de Sebastiano del Piombo que era el motivo central del retablo. El vicepresidente de la Fundación recordó que fue esta singularidad la razón por la que se decidió contribuir a su restauración, dentro de su línea de trabajo de recuperación del patrimonio catedralicio.
Así, recordó que la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021 se comprometió el pasado 22 de julio a financiar la mitad de la restauración, con un importe de 25.000 euros, que se sumaron a lo recaudado por los vecinos de la localidad del alfoz de Burgos, agrupados en torno a la Asociación de vecinos pro retablo Felipe de Bigarny de Cardeñuela Riopico.
A la propia inestabilidad del sistema constructivo del conjunto, se sumaba un intenso ataque de carcoma, la pérdida de elementos como molduras, cabezas de los angelitos y tallas, y una capa pictórica oscurecida por la oxidación de diferentes sustancias aplicadas al volver a policromar estructuras y tallas según los gustos barrocos.
Así, la intervención realizada por Batea Restauraciones recuperó las policromías originales de las tallas, estabilizó las estructuras mediante una consolidación química de la madera y ordenó y puso en contexto todas las piezas provenientes del retablo de la capilla de la Presentación, de forma que puedan observarse de manera adecuada.
Al el acto también asistieron, entre otros, el alcalde de Cardeñuela Riopico, Nicasio Gómez; la presidenta de la Asociación de vecinos de Santa Eulalia pro retablo Felipe de Bigarny de Cardeñuela Riopico, Gloria Burgos; el párroco de la iglesia, Luis Renedo; el presidente del Consejo Asesor de la Fundación VIII Centenario, René Payo; así como César González, por parte de la empresa restauradora.
El alcalde de Cardeñuela Riopico, Nicasio Gómez, agradeció toda la colaboración recibida para esta restauración y exclamó que supone «una satisfacción muy grande» para el pueblo y «un reto que se ha conseguido». «Llegó hace 200 años en pésimas condiciones porque tampoco estaba bien y ha aguantado ahí hasta hoy pero no podía más», manifestó.
El párroco de la iglesia, Luis Renedo, aprovechó para invitar a los ciudadanos a que visiten el valle de Riopico con la excusa de poder contemplar este retablo recién restaurado. Por su parte, César González, de la empresa restauradora, destacó de la intervención la aparición, sobre todo, de «muchos repintes» en las zonas más altas del retablo y subrayó que «no se podía perder la policromía del siglo XVI».
El retablo fue ejecutado por el escultor Felipe Bigarny a partir de 1528 para la capilla funeraria de don Gonzalo Díaz de Lerma. A mediados del siglo XVIII, el capellán lo vendió a la parroquia de Cardeñuela Riopico, pero las piezas que conforman el retablo en la actualidad no son todas las que había en su ubicación original, de modo que, a falta de elementos estructurales y grupos escultóricos, es imposible recrear cómo era este altar en el siglo XVI.
El retablo repetirá el viaje que vivió hacia 1750 con su traslado desde la Seo hasta la iglesia de Santa Eulalia cuando finalice su exposición, en junio. Con la premisa de su adecuación al contexto litúrgico del que sigue formando parte, se instalará de nuevo en el presbiterio, enmarcando los conjuntos escultóricos y las tallas con elementos de la mazonería del siglo XVI, de forma que se pueda percibir la calidad de las piezas.
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