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De broche de oro a polémica internacional. El proyecto estrella del VIII Centenario de la Catedral de Burgos se ha acabando convirtiendo en un martirio para el Cabildo Metropolitano. Desde que se conocieran los bocetos de Antonio López para las nuevas puertas de la fachada de Santa María, la amenaza de una posible salida de la lista de Patrimonio de la Humanidad ha sobrevolado permanentemente la celebración del ochocientos aniversario, ensombreciéndolo en lugar de aportarle el brillo que se merecía. Y todo por haber empezado la casa por el tejado.
La Fundación del VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021 había presentado, justo a un año vista del 20 de julio de 2021, el proyecto para sustituir las actuales puertas de madera, que datan del 1790, por unas nuevas creaciones del artista manchego en bronce. Se informó públicamente de la actuación e, incluso, se ofrecieron imágenes de los bocetos dibujados por López. Además, a finales de año ya se avanzaba que, en enero de 2021, la Comisión de Patrimonio de la Junta podría conceder la autorización imprescindible para colocar las puertas.
Sin embargo, cuando comenzaron a moverse las imágenes que mostraban cómo quedarían las puertas, fundidas en bronce, sobre la portada de Santa María, todo se vino abajo. Y arrancó un movimiento que puso en evidencia que las cosas no estaban haciéndose como se debía. «Las puertas están sustentadas en una ilegalidad», insiste el pintor Juan Vallejo, que lanzó el 6 de febrero de 2021 una campaña en Change.org que ha conseguido cerca de 78.500 firmas contra las nuevas puertas, convirtiéndose en el mayor éxito en el ámbito cultural de la plataforma social.
Vallejo recuerda que, cuando recibió las imágenes de los bocetos, se quedó «asombrado». Así que se puso en contacto con Icomos, primero, y con la Unesco después. Y su respuesta «me dejó helado», afirma, pues no tenían constancia de que existía un proyecto para cambiar las puertas de la Catedral, que están «en buen estado y sirven». Este fue el primer aviso. La Catedral, como Patrimonio de la Humanidad, goza de una protección que impide cualquier cambio significativo (y sin justificación) que afecte a la integridad del inmueble. Y, siempre, se debe pasar por Icomos y la Unesco.
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La recogida de firmas empezó muy tibia, pero despegó cuando se lanzó un manifiesto firmado por expertos, profesionales y ciudadanos de a pie que mostraban su rechazo al proyecto, calificándolo de «atropello artístico». Lo más importante era que cuestionaba su legalidad. Y es que, antes de iniciar la creación de las nuevas puertas, el proyecto debería haber pasado por Icomos para, con un informe favorable, obtener la autorización de la Comisión de Patrimonio de la Junta. Y no había sido así. Las puertas ya estaban en marcha y las autoridades no habían autorizado su instalación.
En menos de diez días, la recogida de firmas alcanzó los 28.000 apoyos. Hubo una espectacular corriente en redes sociales en rechazo al proyecto y medios internacionales se hicieron eco de la polémica. Mientras, el Cabildo de la Catedral de Burgos defendía las nuevas puertas como proyecto innovador, cuya inversión de 1,2 millones de euros se recuperaría ampliamente en impacto económico y turístico. Y se destacaba lo que supondría para Burgos contar con una obra del artista Antonio López, que se ha visto en medio de un huracán que no podía controlar.
De manera paralela, Icomos y Unesco iban poniendo negro sobre blanco la verdadera naturaleza de la problemática sobre las puertas de la Catedral. Más allá de que fueran un «capricho egóticocentrista» de la fundación y el cabildo, como lo da en llamar Juan Vallejo, y de cualquier cuestionamiento estético (que debe quedar al margen porque no se puede valorar el arte, insiste el pintor burgalés), las nuevas puertas se saltan todos los procedimientos técnicos y las normativas de protección del patrimonio (mucho más estrictas para un Patrimonio Mundial).
Recientemente, después de que el arzobispo de Burgos diera a entender que el proyecto podría contar con el visto bueno de la Junta en breve, Icomos volvía a insistir en que el informe que redactó en febrero del año pasado el organismo asesor de la Unesco sigue vigente. Se recomienda al Cabildo aparcar el proyecto y, como mucho, ya que la inversión está hecha, se ofrece a orientar para encontrar una ubicación alternativa, pero como un bien expuesto más. «Si la Catedral no fuera Patrimonio Mundial podrían cambiar las puertas, pero está ligada a una convención muy estricta» y no se permite modificar ningún elemento del bien.
Además, el presidente de Icomos, Jordi Tresserra, explicaba los riesgos que entrañaría seguir adelante con el proyecto y aclaraba la amenaza de salida de la lista de Patrimonio de la Humanidad. No estaríamos hablando de una expulsión inmediata, que nadie piense que sería así, fulminante. En primer lugar, la Junta debería dar el visto bueno a la instalación, pues es la autoridad competente. Y, a partir de ahí, se abriría un «conflicto». El Centro de Patrimonio Mundial, sin cuya autorización tampoco se podrían poner las puertas, encargaría un informe a Icomos Internacional. Y, entremedias, intervendría el Ministerio de Cultura, pues es el Estado quien forma parte de Unesco.
Para Juan Vallejo está muy claro lo que se tendría que hacer ahora, tras un año mareando la perdiz. «Si tiene dignidad, Antonio López debería devolver el dinero y refundir las puertas, para que esos fondos se destinaran a fines sociales. O a la puerta de la Coronería, que está «totalmente destrozada, condenada», ha recordado el pintor burgalés. Sin embargo, nada de esto parece que vaya a pasar, aunque tampoco sabemos qué acabará ocurriendo este año, que tendría que ser el definitivo.
Vicente Rebollo, el presidente del Cabildo Catedralicio, asegura que no hay novedades sobre el proyecto. El equipo de Antonio López sigue trabajando. La puerta pequeña que representa a la Virgen María ya está fundida. Pendiente de fundición la otra pequeña, la del Niño Dios. Pero quedaría la puerta central, la dedicada a Dios Padre. Y prisa ya no hay, una vez superado el aniversario del VIII Centenario, que era cuando se querían inaugurar las nuevas puertas. Así que en el Cabildo también se lo toman con calma, o eso dicen.
Prometieron una evaluación de impacto patrimonial, algo que se debe hacer antes y no después de desarrollar la intervención, pero ni siquiera se han puesto a ello. El Cabildo, igual que el Arzobispado de Burgos, insiste en que no trabajan con otra idea que no sea que las puertas sean puertas, por eso no avanzan posibles ubicaciones alternativas visto lo difícil que conseguir una autorización para colocarlas en la portada de Santa María. Esperarán a ver acabada la obra de Antonio López para reactivar la fase administrativa, asegura Rebollo.
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