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El proyecto Bebé Miradas, promovido por la Asociación Autismo Burgos en colaboración con los profesionales del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) está comenzando a dar sus frutos. Un año después de que se pusiera en marcha toda la maquinaria, los profesionales han conseguido detectar y diagnosticar dos nuevos casos de trastorno del espectro autista (TEA) en niños. Un diagnóstico precoz que ha sido posible gracias a la innovación y el esfuerzo que se está poniendo en el proyecto.
En total, desde que se comenzó a trabajar, han entrado a formar parte del programa un centenar de niños considerados «población de alto riesgo». Esto es, que alguno de sus familiares padecen algún tipo de TEA o tienen algún factor de riesgo desde la más temprana edad.
Todos ellos se han sometido a un seguimiento permanente centrado, fundamentalmente, en los patrones de visión. A través de un sistema específico, durante 36 meses se llevan a cabo sesiones en los que se analizan los patrones visuales y, en función de los resultados se actúa.
Por el momento, un total de 22 niños han presentado síntomas de alerta en su desarrollo o síntomas precoces de autismo. Según explica Javier Arnáiz, director técnico de Autismo Burgos, eso no implica que el niño desarrolle en un futuro algún tipo de TEA, sino que simplemente es un indicador de que es posible que lo desarrolle. Así, por el momento, se han diagnosticado dos casos entre todos los niños participantes, que proceden todos ellos de Burgos.
En este sentido, Arnáiz valora los resultados que está obteniendo el proyecto. «Estamos muy satisfechos» tanto por las conclusiones científicas que se están empezando a sacar como por la «gran acogida» que ha tenido la iniciativa en Burgos. «Ahora mismo contamos con una muestra envidiable de 100 niños», cuyos padres se han prestado a participar en el proyecto, el cual exige mucho «compromiso». Y gracias a ese compromiso se ha adquirido un «aval científico» que se confía en que aporte muy buenos resultados en los próximos años, afirma.
Así, y a medida que los niños que han entrado en el programa finalicen el seguimiento de 36 meses planificado, se podrán extraer importantes conclusiones científicas que podrán utilizarse para entender mejor el TEA y facilitar los diagnósticos precoces.
«Este es un proyecto pionero enmarcado en la estrategia nacional» y si todo sigue yendo rodado, el objetivo es extenderlo por todo el territorio nacional, explica Arnáiz. De hecho, las llamadas de instituciones, asociaciones y particulares interesados por el proyecto es «constante», destaca el director.
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